Rodrigo Parra

Software Developer, Data Scientist and Writing Aficionado

El ataúd

El hombre maldijo su suerte al tiempo que sus chillidos se ahogaron en la oscuridad. Supo siempre que aquel sería su final, después de todo, ¿existe acaso uno más apropiado para un claustrofóbico que el entierro prematuro?

Arañó en vano el ataúd, sus dedos resbalándose por el barniz más deslizante que haya tocado jamás. Se torturó intentando calcular cuantas respiraciones le quedaban, se conformó con “pocas” como respuesta. Escuchaba voces, susurros lejanos inentendibles que supuso delirantes.

Pasaron horas, ¿o habrán sido días?, y aquello no terminaba. ¿O había terminado ya? Se preguntó si notaría la diferencia y rogó perder pronto la conciencia. De repente, un rayo de luz le lastimó los ojos y una rendija, casi una puerta muy angosta, se abrió ante él. Rió para sí, notando lo trillado de su revelación del más allá. Una voz profunda le habló:

— Señor, estamos trabajando para arreglar el desperfecto del ascensor en la brevedad posible. Quédese tranquilo, por favor, que lo sacamos pronto.